Contra aquellos que nos gobiernan, de Lev Tolstói

En Contra aquellos que nos gobiernan nos encontramos con el último Tolstói, aquel que había abandonado cualquier punto de vista cercano a su origen aristocrático, así como rechazaba  las pujantes y revolucionarias ideas socialistas. El mismo que decidió abandonar la ciudad, retirarse en Yásnaya Poliana, redactar sus escritos más reivindicativos y subversivos y acabar sus días rodeado del trabajo en el campo y de algunos fieles seguidores de su pensamiento.

 Contra aquellos que nos gobiernanMuchos de los que se hayan acercado a este texto habrán pensado que Tolstói peca en él de exceso de idealismo, que plantea hipótesis poco cercanas a la realidad y que, como otras referencias similares, nos propone soluciones poco menos que utópicas. A los que así piensen no les faltará algo de razón, aunque no deben olvidar que, junto a todo lo anterior, también nos trasmite otras ideas ciertamente vigentes, fácilmente aplicables tanto individual como colectivamente y, como en toda su obra anterior, escribe con tal claridad y potencia que conducirá irremediablemente al lector a una profunda reflexión. Lo cual, por cierto, ya es mucho.

Ciertamente, las ideas que nos propone el autor de Ana Karenina o Guerra y paz están, en todo caso, muy presentes en gran parte de los discursos que hoy en día, especialmente en estos años en los que el mundo parece tambalearse por la crisis económica y social que nos rodea. No deja de ser tal cosa sorprendente y digna de mención y aplauso, pues los cien años que nos separan muestran significativamente el genio y el tino del autor, quien supo detectar los problemas que nos atañerían un siglo después, nada menos.

Del mismo modo que hacen otros trabajos que vienen inmediatamente a la cabeza, como el sobradamente mencionado Desobediencia civil de Thoreau, Tolstói ataca a los gobiernos duramente por reprimir a los ciudadanos, por el mal uso que éstos hacen de los impuestos, a los ejércitos por ejercer la violencia como cauce para solucionar los conflictos, a los poderes económicos por esclavizar a la población con sus condiciones de vida sofocantes e inhibidoras de cualquier tipo de libertad que pueda proporcionar al individuo la situación ideal para alcanzar la felicidad y la realización personal.

“¿Pero por qué los hombres han de sufrir a su vez la violencia de otros seres humanos que no son sus superiores sino sus semejantes? ¿Por qué han de someterse a las violencias de aquellos que en un momento dado detentan el poder? ¿Está probado siquiera que esos gobiernos sean dignos por sus cualidades de dirigir a la humanidad?”.

Pero, en definitiva, Tolstói nos habla del bien y del mal, y de cómo los hombres buenos han de frenar el mal que les rodea, aunque esto implique la desobediencia y la marginalidad, pues este mal a menudo encuentra acomodo entre los que ocupan una posición preminente.

Independientemente del pragmatismo de su enfoque, no puede dudarse de su vigencia y de su acierto en lo que al comportamiento de los poderosos frente al colectivo en el que se desarrollan y ejercen su superioridad. Hablar sin miedo del gobierno y de la sociedad que nos rodea siempre es un aprendizaje para el que escucha y lee, y si es Tolstói quien habla, además es un placer.

“Cuando los hombres se han apartado del bien, imaginan siempre alguna concepción general del mundo que justifique sus acciones, representándose a ellos mismos como instrumentos necesariamente dóciles de una fuerza superior que se les impone”.

Después debatamos. Sin miedos, sin ataduras y sin esclavitud. En libertad.

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*