Daniel Pennac y la tribu Malaussène

    Daniel Pennac es, a nuestro juicio, uno de las referencias ineludibles de las letras contemporáneas; un Daniel Pennacescritor brillante, auténtico, fácilmente distinguible; y un ensayista lúcido y atinado en su visión de la literatura y la enseñanza.

    Nacido en Casablanca en 1941 tiene una amplia obra tanto narrativa como ensayística, si bien aquí nos encargaremos de la saga que con más insistencia hemos de recomendar a los lectores: la de la tribu Malaussène.

    Esta maravillosa serie de novelas relata las vivencias de la familia Malaussène, con Benjamin, su protagonista y máximo responsable, a la cabeza. Tanto él como el resto de personajes son, por sí mismos, altamente literarios, productos de la peculiar imaginación de Pennac, originales e inverosímiles, pero coherentes, ricos y con mucha fuerza todos ellos. Uno de los atractivos de estas aventuras, pero no el único.

    La pequeña vendedora de prosaLa saga se compone de novelas como La felicidad de los ogros, El hada Carabina, La pequeña vendedora de prosa, El señor Malaussène y Los frutos de la pasión; las cuales pueden ser leídas en este orden o en otro cualquiera, sin que ninguna regla o prejuicio impida el disfrute de la lectura, como el propio Pennac afirmaría en Como una novela. Escritas todas ellas bajo una esquema de novela negra, utiliza muchos de los recursos literarios del género, bebe de sus tópicos, pero trasciende a todo aquello y se convierte en algo más, gracias a su capacidad no sólo de construir una trama de intriga pura y dura, sino de observar la naturaleza del hombre, con su viso tan trágico como cómico, en toda su profundidad y magnitud, sin dejarse llevar por almíbares ni por excesos dramáticos y patéticos, sino a través del humor y la amargura, tal cual se nos presenta siempre la vida.

    Esta cruda y agridulce desnudez como planteamiento y visión general se unen a un lenguaje directo, veraz e incluso brusco en ocasiones, aunque sin perder el continuo tratamiento literario y poético, lo que conecta y empatiza con un lector que no sólo no se aleja de esos personajes y situaciones tan extravagantes, sino que las siente como propias, pues se ha adentrado en el cronotopo del universo de Pennac. Universo que queda, además, aderezado con grandes dosis de ironía, de referencias y juegos literarios, de ácidas reflexiones filosóficas y metafísicas…

    Todo lo cual guiado con maestría por un escritor que maneja la locura con coherencia, que es fiel a su concepto de literatura, que compatibiliza juego y aprendizaje, y que nos ayuda con sus novelas a sobrevivir e interpretar el mundo sin caer en lo pretencioso, sino aferrándose a las dolorosas, fascinantes y alegres experiencias y emociones que nos depara la existencia.

 

 

 

 

 

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