Gran Cabaret, de David Grossman

    Palabras incómodas

   A veces, para conmover, hay que hacer daño. Es lo primero que pienso al terminar de leer Gran Cabaret, de David Grossman. Y es que el proceso por el cual empatizamos y comprendemos las emociones de las personas que nos rodean es, muy frecuentemente, cruel y lacerante. Pero al final, el poso que deja es más dulce que el tránsito que nos ha llevado hasta allí; queda una sensación de bienestar y paz al haber comprendido al otro. Al haber sentido en tus carnes los mecanismos mentales y emocionales por los que ha pasado, por muy dolorosos que estos haya sido.

    El personaje principal, un comediante judío que utiliza uno de sus espectáculos en una ciudad costera de Israel como una especie de catarsis, saca a la luz algunas de sus vivencias más íntimas y desgarradoras, conformando un número inquietante y desconcertante, pero iluminador para los que se quedan a escucharlo. En este espectáculo, el protagonista nos parecerá un ridículo, un ser patético y de un humor a veces demasiado cruento, pero paulatinamente encontraremos cada vez más comprensión y cercanía hacia él, a medida que desnuda su interior y nos desvela lo que le lleva a transformar tan radicalmente lo que en principio era una actuación de chistes y humor sin pretensiones.

    Muchos temas y muy importante se nos plantean en la novela de Grossman: el amor, la infancia, el Holocausto, el humor, la amistad, el dolor… En definitiva, todas las emociones humanas más primarias, pero planteadas con habilidad y con un formato novelístico y narrativo sorprendente y efectivo, conducido, además, con una gran capacidad y visión literaria.

    Resulta verdaderamente impactante el sentido de humor del que se sirve la novela, muy chocante por la carga de cruda verdad que contiene, por ser directo y golpear continuamente al lector. Nos lleva a pensar acerca de si es lícito o no hacer humor de absolutamente todo, sin filtrar nada, y en cualquier momento; si hay algunos más legitimados que otros para hacerlo y si, por qué no, no solo es adecuado sino necesario… Muchos de los espectadores, que habían acudido a escuchar el típico número de stand-up comedy, tan popular en muchos países, van abandonando la sala enfadados, como si presenciar algo que se salga del guion les provocara un profundo malestar. Quizás esta sea una de las reflexiones más importantes de la novela.

    Y es que, a veces, es necesario escuchar palabras incómodas.

“Los espectadores se miran unos a otros y se remueven inquietos en los asientos. Cada vez entienden menos cuál es su papel en esta actuación en la que participan a su pesar. No me cabe la menor duda de que hace ya rato que se habrían levantado para marcharse, o que lo habrían echado a él del escenario a abucheos, si no fuera por la tentación a la que tantísimo nos cuesta resistirnos, la tentación de asomarnos al infierno de los demás”.

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