From Hell, de Alan Moore

La novela gráfica es un género que poco a poco empieza a ocupar y a disfrutar el lugar que le corresponde en la Historia de la Literatura; es decir, un sitio tan importante como el resto de los géneros, más tradicionales.

Hace ya algunos años que ha superado ese estigma de marginalidad y ha alcanzado al gran público, gracias al sano abandono de algunos prejuicios por parte de los más puristas y, por qué no reconocerlo, a las adaptaciones cinematográficas y televisivas que han resultado ser del gusto de la amplia mayoría. Pero, sobre todo, se debe al gran valor literario de algunas obras imprescindibles; lo que se conoce como “clásicos del género”, ni más ni menos.

From Hell es uno de esos clásicos, firmado además por una de sus grandes figuras y referencias: Alan Moore, autor también de otros hitos como Watchmen o V de Vendetta. La novela se ocupa de narrarnos la historia del famoso Jack “el Destripador”, o al menos la versión que el autor extrae de sus investigaciones y su análisis, el cual, más allá de las interpretaciones que puedan hacerse, es innegablemente profundo, serio y detallista hasta el extremo.

From Hell (interior)La historia del sobradamente conocido asesino y la correspondiente investigación policial está narrada con rigor, con buen oficio y con un gran manejo de los elementos narrativos de la novela contemporánea: el retrato psicológico de los personajes, las elipsis, los saltos temporales, el comienzo in media res, así como las aportaciones metaliterarias (las introducciones a cada uno de los capítulos son extraordinarias).  Todos ellos son aspectos de From Hell que la enriquecen y estimulan al lector.

Resulta especialmente atractiva, además, la inclusión de personajes históricos, que han devenido en icónicos, como la Reina Victoria, el Hombre Elefante, Yeats o el propio Oscar Wilde. Un morbo añadido que agrada al lector y lo ayuda a contextualizar la veracidad del relato.

Sin embargo, no es ni la descripción de Jack “el Destripador” y sus terribles actos ni la capacidad narrativa de Alan Moore lo que más nos sorprende, sino la absoluta crudeza con la que refleja una determinada época, la Inglaterra victoriana: sus vicios, sus desigualdades, el contraste entre la alta sociedad y el lumpen más desfavorecido… La atmósfera de sufrimiento y apatía es contagiosa e impregna a quien abre las páginas de este desasosegante y crítico trabajo de Moore.

Y, por si todo lo anterior no fuera suficiente, el autor nos atrapa con otros aspectos morales y metafísicos, presentes también en otras obras suyas, que nos incitan al pensamiento hondo y las reflexiones más primigenias, esas que acompañan al hombre desde que se define como tal. La experiencia religiosa, el más allá y el destino, o la delgadez de la línea que separa la cordura de la locura, lo real de lo fantasioso… Hay que decir además, sin duda alguna, que a este trato tan característico de la narración colabora en gran medida el aspecto visual, a cargo de Eddie Campbell, que con sus ilustraciones ayuda de manera sobresaliente a introducir esa espesa atmósfera de la que hablamos.

Una obra redonda, que definió un género y que sobrevivirá a generaciones de lectores, pues más allá de la pertinencia de las teorías acerca del asesino protagonista, sus otros aspectos subyacentes permanecerán por su universalidad y su vigencia absoluta.

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