La caída, de Albert Camus

Una obra imprescindible para tiempos inciertos.

“Había que mantenerse en una posición incómoda, vivir en diagonal. El sueño era una caída. La vigilia, un estarse agachado”.

La cita habla de una mazmorra estrecha, de época medieval, a la que iban a parar algunos después de ser juzgados. Y no es nada casual. La constante humana de juzgar y ser juzgado por los semejantes y la culpabilidad del hombre en su relación con su entorno son los temas principales de esta intensa novela, de una gran densidad filosófica y que, como pasa con toda la obra de Camus, solamente empieza a entenderse después de varias lecturas.

Jean-Baptiste Clemence es el protagonista y, cabría decir, personaje único de la novela. Un antiguo abogado de éxito de París que transforma su vida para convertirse en “juez-penitente” en Ámsterdam (hasta el final de la novela no sabremos muy bien qué es eso de “juez-penitente”).

La caída consiste en un ejercicio narrativo muy interesante y arriesgado, ya que todo se nos cuenta a través del monólogo del protagonista, utilizando un personaje como interlocutor, del que únicamente se nos dan algunos datos dispersos a lo largo del desarrollo del discurso de Clemence, expuesto en varias jornadas. El riesgo que asume Camus al plantear esta forma narrativa queda superado por su habilidad para articular un discurso filosófico denso a la vez que consigue hacer fluir las palabras de un modo natural, nada tedioso y que funciona de tal manera que acaba siendo inevitable que el lector se convierta en el interlocutor real de su protagonista.

“A veces imagino lo que habrán de decir de nosotros los historiadores futuros. Les bastará una frase para caracterizar al hombre moderno: fornicaban y leían periódicos”.

Como pasa con otras obras de Camus, La caída es un retrato del individuo, su definición natural y el conflicto ineludible que surge con su entorno, con los otros seres que lo rodean, la sociedad; desde un planteamiento existencialista pesimista, que en nada sorprenderá a los que hayan leído otras obras de este gran escritor, como El extranjero, La peste, La muerte feliz o El primer hombre. El planteamiento filosófico no cambia, pero se ven matices y perspectivas que enriquecerán el conocimiento que se tenga sobre la visión del mundo del escritor francés, nacido en Argelia.

Resulta especialmente perturbadora la claridad con la que se exponen argumentos y planteamientos que parten de una visión antropológica en la que el hombre es un ser naturalmente egoísta y culpable, que vive además en un contexto en el que su naturaleza se ve reprimida por un entorno social contrario y que, consecuentemente, ha de acudir continuamente a actuaciones éticamente malvadas, única forma de subsistir. La libertad es, pues, una carga y una servidumbre en este contexto sociopolítico: “la única posición cómoda es la maldad”.

La literatura de la primera mitad del siglo XX está impregnada de una visión del mundo tremendamente dolorosa y cruel, pero a la vez clarividente y esclarecedora. La caída es un muy buen ejemplo de ello, y una herramienta necesaria para la reflexión de todos aquellos que vivimos tiempos inciertos, como los actuales. Albert Camus, imprescindible.

“En filosofía, lo mismo que en política, soy, pues, partidario de toda teoría que niega la inocencia del hombre y de toda práctica que lo trata como culpable”.

También en Pasalapágina:

La muerte feliz, de Albert Camus

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*