La llama, de Arturo Barea

Lo que estaba ocurriendo era un claro preludio del rumbo futuro de Europa y posiblemente del mundo”

La llama (2)Con La llama Arturo Barea cierra la trilogía de La forja de un rebelde, que incluye otros dos títulos: La forja y La ruta, que completan lo que ha acabado siendo uno de los testimonios más celebrados de nuestra historia acerca de la situación española a principios del siglo XX.

Como en las otras ocasiones, Barea relata de manera autobiográfica sus vivencias, en este caso, todo lo acontecido durante los últimos años de la II República y la Guerra Civil. De igual manera que sucede en La ruta con la Guerra de Marruecos, da gran cantidad de detalles históricos y describe de manera muy certera el ambiente y la sociedad de aquellos años.

Comparada con las otras obras mencionadas, el aspecto literario está mucho más cuidado, quizás exista en él una mayor conciencia de escritor: el crecimiento como escritor es evidente y el manejo de las estructuras narrativas y los diálogos cambia claramente. Por lo demás, la tónica es muy similar, parte de sus vivencias con una narración lineal e intercala algunos episodios más o menos reflexivos y filosóficos.

La capacidad de análisis y la lucidez de Barea están fuera de toda duda, más allá de las interpretaciones ideológicas que cada uno quiera hacer del conflicto (algo inevitable cuando se habla en nuestro país de la Guerra Civil). Sus testimonios y apreciaciones son las de un intelectual que vivió todo de primera mano, y que pagó todas sus consecuencias directamente.

“No podía desprenderme de la visión de la guerra que había surgido de mi estupor. Nuestra guerra había sido provocada por un grupo de generales que, a su vez, estaban manejados por los sectores de las derechas españolas más fanáticamente determinados a luchas contra cualquier desarrollo del país que fuera una amenaza para su casta. Pero los rebeldes habían cometido el error de recurrir a ayudas exteriores y convertir una guerra civil en una escaramuza internacional y los países partidarios de socialismo o comunismo tomaban parte activa, mientras los demás países nos contemplaban como espectadores vitalmente interesados. Lo que estaba ocurriendo era un claro preludio del rumbo futuro de Europa y posiblemente del mundo”.

La memoria y el conocimiento de los testimonios de aquellos que vivieron nuestro pasado es algo fundamental en nuestro crecimiento como sociedad, en la corrección moral de nuestros errores y en el establecimiento de las pautas que marquemos para aquello que queremos construir. La forja de un rebelde es una lectura obligatoria para todos los que pretendan avanzar sin destruirnos nuevamente.

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