Las tiendas del color de canela, de Bruno Schulz

El título que ofrecemos hoy cumple exactamente con el sentido primigenio de esta publicación: mostrar aquellos autores y obras que reflejan con elocuencia y con un brillante sentido artístico la experiencia humana, la relación del hombre con lo que le rodea, moviendo a la reflexión y a la agitación del pensamiento a quien la lee. Y, además, en este caso, hablamos de un autor que no goza del conocimiento general del público, ni, desde luego, del reconocimiento que su original literatura merece.

Las tiendas del color de canela es un conjunto de relatos que, si bien tienen una estrecha unión narrativa, pueden leerse tanto separadamente como de una forma más lineal o convencional. Quien la lea encontrará la descripción de una familia de provincias a principios del siglo XX, tras un velo de simbolismo y metáforas, sabiamente conducidas por un autor que se mueve perfectamente en el mundo de lo irreal e imaginario para describirnos lo cotidiano con toda naturalidad.

Es ésa, precisamente, la gran característica de Bruno Schulz: su capacidad para utilizar un lenguaje propio, cargado de símbolos y figuras de todo tipo, para narrarnos lo cotidiano, transmitiendo así a la perfección las sensaciones y emociones que busca de un modo sutil pero que cala página a página. Llega a lo metafísico o filosófico desde la experiencia más común e intrascendente. Un pequeño suceso sin importancia nos lleva a reflexionar sobre la infancia perdida, la desconcertante relación con el padre, la sensación de pérdida…

Su lenguaje es, además, medido, descriptivo y con una adjetivación constante y precisa. Cualquier elemente en él aporta una gran carga simbólica: objetos, animales, ambientes… Sin ser pretenciosa alcanza un gran nivel formal a todos los niveles.

En definitiva, un ejemplo más de esa literatura europea de la primera mitad del siglo XX, tan cargada de contenido y con esa visión tan propia y genuina, al alcance tan solo de quienes presenciaron la terrible sucesión de acontecimientos que tuvieron lugar en el Viejo Continente durante esos años.

El autor

Bruno SchulzBruno Schulz nació en Drohobycz en 1892 y murió en la misma localidad en 1942. Este polaco fue no sólo uno de los mayores talentos literarios de su momento, sino también pintor, dibujante y crítico. A pesar de las dificultades de su vida familiar, logró cosechar ciertos éxitos literarios, tristemente truncados con la invasión alemana de Polonia y los acontecimientos que siguieron a la misma. Su condición de judío lo obligó a esconderse y a intentar huir del país, hasta que en noviembre de 1942 murió fusilado por un miembro de la Gestapo.

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