Los enamoramientos, de Javier Marías

Los enamoramientos

Los enamoramientos

     En Los enamoramientos Javier Marías nos da un poco más de todo a lo que nos tiene ya acostumbrados, lo que no significa por ello que resulte monótono o falto de interés, sino todo lo contrario, pues, como es habitual, nos invita a un ejercicio de reflexión a través de una trama nada compleja pero con fuerza.

     No se trata, a pesar de lo que pueda parecer, de una novela de amor, o sentimental, ni de una novela negra o policiaca, aunque tenga elementos de ambos géneros, sino que es más bien una novela de pensamiento y análisis, casi filosófica, acerca de aspectos tan humanos como el amor y los límites a los que nos conduce, la impunidad, tan en boga en nuestra actualidad, y la moral.

      “El mundo es tan de los vivos, y tan poco de los muertos –aunque permanezcan en la tierra todos y sin duda sean muchos más-, que aquéllos tienden a pensar que la muerte de alguien querido es algo que les ha pasado a ellos más que al difunto, que es a quien de verdad le pasó”.

     Sigue siendo sorprendente tras tantos años y novelas la capacidad de Javier Marías para analizar con lucidez cada cosa o aspecto que nos plantea, por nimio que pudiera parecer en un inicio, llevándonos hasta el límite de la observación. En él cada gesto cotidiano adquiere una significación que resulta relevante y pertinente.

     En este sentido, sus seguidores encontrarán similitudes con otras obras suyas, como Corazón tan blanco o Mañana en la batalla piensa en mí, por citar sólo dos ejemplos de la ya extensa obra del autor.  Al igual que en las anteriores, Los enamoramientos desprende un claro aroma literario en cada uno de sus rasgos: el estilo meticulosamente cuidado, la elección precisa de cada palabra, los diálogos profundos y estéticos y, por supuesto, esa concepción metaliteraria tan característica. De nuevo, cuando leemos a Marías, no sólo lo leemos a él, sino que pedazos de historia literaria se incorporan a la novela. En este caso encontraremos a Shakespeare, algo ya habitual, a Balzac o a Dumas y sus tres mosqueteros.

     Sin duda, podemos sentirnos afortunados de poder leer a un Javier Marías que sigue perfeccionando su estilo y escribiendo con la misma brillantez, y de compartir idioma con uno de los escritores contemporáneos más brillantes y certeros.

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