Multum in parvo , diez cuentos imprescindibles

Esta publicación nació de la pasión por las letras, de la firme convicción de que la literatura nos otorga a los que nos acercamos a ella la posibilidad de percibir el mundo y la realidad desde perspectivas amplias, diferentes y enriquecedoras. Siempre hemos pensado que una buena obra nos acerca más a la verdad y nos aleja de la incertidumbre, o al menos nos ayuda a navegar a través de ella.

Por ello nos dedicamos a dar a conocer aquellas obras que consideramos imprescindibles en esa búsqueda, así como los autores más lúcidos a la hora de proporcionarnos posibles respuestas para esas preguntas que todo lector tiene en la mente cuando decide abrir un libro e indagar en él. Pero, fundamentalmente, lo que aquí nos proponemos es contribuir a difundir esa pasión por los libros y a ayudar a todos aquellos que desean leer y disfrutar con la lectura, pero que aún no han sabido cómo.

En muchas ocasiones intentamos persuadir a nuestros conocidos para que lean y, a menudo, nos responden que es la falta de tiempo lo que les impide ser más constantes en sus hábitos lectores. Para ese tipo de personas, las que afirman que no tienen tiempo para leer, va dedicado este artículo, que intenta acercarnos algunos de los mejores relatos breves que, a nuestro entender, ha dado la literatura universal hasta hoy. Prometemos que todos los cuentos que aquí presentamos pueden ser leídos en veinte minutos, la mayoría incluso en menos… ¿Quién no dispone de ese tiempo?


1. La dama del perrito, de Anton Chejov

Un clásico de un maestro del cuento. Un bonito acercamiento a los caminos por los que se nos presenta el amor, a veces inesperados y confusos, pero siempre ineluctables y profundos. Un uso magistral de la lengua: sin apenas narración consigue ser denso y certero. Un amor en la madurez: “Ahora solamente, cuando empezaba a blanquearle el cabello, sentía por primera vez en su vida un verdadero amor”.

2. El Aleph, de Jorge Luis Borges

El cuento entre los cuentos, imprescindible, redondo, absolutamente magistral. El más claro ejemplo de que la literatura sirve para descubrir el mundo, el universo, literalmente en este caso… La mejor muestra de condensación literaria, de amplitud intelectual y existencial en un espacio reducido. Un ejercicio magnífico de metaliteratura, con todo tipo de referencias y con una gran diversidad de lecturas. Un notable acercamiento a la imposible definición del infinito. Multum in parvo.

3. Regreso a Babilonia, de Francis Scott Fitzgerald

Mucho hemos oído de París, de los años veinte, de la vida bohemia, de las vanguardias literarias, de las fiestas continuas, del alcohol y la experimentación… Este relato habla de todo eso, pero desde una perspectiva diferente: la de la madurez, la de la mirada hacia atrás, la del paso del tiempo y los arrepentimientos por los excesos. La narración de un hombre que tras días alocados y calamitosos decidió enfrentarse a su vida y sus responsabilidades. La pérdida de un amor y la recuperación de otro. “No volvería a ser joven, lleno de las mejores ideas y los mejores sueños, sólo suyos”.

4. Casa tomada, de Julio Cortázar

Cortázar tenía que aparecer en esta selección, ya que es uno de los mejores cuentistas de la historia de la literatura. Hemos escogido Casa tomada porque es una buena muestra del lenguaje del autor, de su simbología y de su extraña manera de llegar al fondo de todo. Una narración extraordinaria o, mejor dicho, de lo extraordinario. Como es propio del autor, un acercamiento a la realidad con elementos fantásticos. La lectura antiperonista es opcional, aunque Julio Cortázarsuele ser la clave habitual.

5. Los autómatas, de E.T.A. Hoffmann

Un relato oscuro e inquietante. Hoffmann bucea en lo psicológico y en lo inexplicable con cierto aire fantástico e incluso de terror; el autor era un romántico, literariamente hablando, así que ya se imaginarán… Figuras automáticas con una apariencia humana pero tétrica, casi grotesca, que conocen íntimamente a los personajes del relato y que acabarán, como si de un oráculo se tratara, revelando algunas verdades trascendentales. Un excelente ejercicio narrativo de suspense y sobrecogimiento.

6. La buena gente del campo, de Flannery O’ Connor

Retrato mordaz y certero de la sociedad sureña estadounidense. Representación de la difícil relación entre contrarios: intelectualidad y simpleza, ciencia y religión, blancos y negros, ricos y pobres… Interesante diálogo entre la religión engañosa y el conocimiento insuficiente. Un perfecto ejemplo de la densidad que puede alcanzar un relato corto si se trata con acierto, como lo hace esta maravillosa escritora. “Estamos todos condenados ­–dijo-, pero algunos nos hemos arrancado las vendas de los ojos y vemos que no hay nada que ver. Es una especie de salvación”.

7. Las moscas, de Horacio Quiroga

Con un lenguaje lírico y atrevido, el autor nos presenta a un personaje a punto de morir, o en el caso que nos ocupa, mejor podríamos decir a punto de transformarse… Un relato intenso acerca de la muerte, la relación del hombre con la naturaleza y el mundo de los sentidos. Podemos percibir en él la presencia de esa realidad mágica tan propia de la literatura hispanoamericana. “Mi vida está aguardando la instantaneidad de unos segundos para extinguirse de una vez”.

8. El último día del mundo, de Juan Ernesto Zúñiga

El digno representante español: el asunto, la Guerra Civil. Un relato gris sobre la desaparición de un mundo y la llegada de un tiempo abyecto y desconcertante. Una quema antológica de libros y algo de música salida de un gramófono. La extinción de un barrio y de sus almas justo antes de la llegada del dictador. Quizás no acabó siendo el último día del mundo, pero sí fue el último día de un mundo posible. “Todos se habían ido, cediendo a las presiones de los nuevos tiempos y el barrio se fue quedando sin nombres”.

9. Cuando no tengas un lugar donde llorar, de Luis Sepúlveda

Sepúlveda, maestro chileno de la narrativa breve, tanto del cuento como de la novela corta, nos regala aquí un relato lleno de emociones, matices sensoriales y mucha cercanía: un homenaje al poder del roce humano, a la capacidad emotiva de un abrazo, de una caricia, de la expresión más física del afecto. Donde las palabras no llegan, sí lo hace el contacto más primitivo y ancestral.

10. El gran cambiazo, de Roald Dahl

Roald DahlUno de humor… de mucho humor. Conocerán al autor por sus cuentos infantiles: Charlie y la fábrica de chocolate, James y el melocotón gigante o Matilda, entre otros. Pero también escribía cuentos para adultos y este es uno de ellos. Una historia disparatada e inverosímil, con adulterio, con malabarismos matrimoniales, engaños… Divertido y exagerado hasta el paroxismo. Como una farsa teatral, pero en cuento.

 

 

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