¿Qué nos ofrece Ana Karenina?

Un referente literario 

Nadie duda, ni siquiera los más profanos y ajenos a nuestro mundo literario, que Ana Karenina es una obra maestra y uno de los más ínclitos e ilustres modelos novelísticos de nuestra historia. Mucho se ha escrito acerca del arte con el que su autor, Lev Tolstói, ha retratado la sociedad rusa, no solo en este caso, sino en toda su obra (no podemos olvidarnos de su magnífica Guerra y Paz). Especialmente se ha hablado de la capacidad para plasmar los hábitos y costumbres de la nobleza agraria y la burguesía de Moscú y San Petersburgo: sus vicios, sus virtudes, su deriva, su decadencia… su agotamiento, en definitiva.

Lev Tolstói en la época de Ana Karenina

Lev Tolstói en la época de Ana Karenina

Poco podemos añadir a lo ya comentado por la crítica acerca de las magistrales descripciones del autor, sus retratos finamente pulidos y sus acercamientos a la psicología y al mundo interior de sus personajes. Y de su prosa, su exacta, realista y bella prosa, que nada tiene que envidiar a la de cualquier otro autor que se nos ocurra.

No son esos aspectos los que aquí nos ocupan, sino que nos preguntamos cómo podemos convencer a un lector de hoy para que se acerque a descubrir esta maravillosa novela. Queremos explicar que esta historia; que cuenta las circunstancias de una mujer noble, virtuosa y bella, pero que decide llevar una vida que no se corresponde con los cánones sociales de su época, puede resultar una lectura completa y enriquecedora sea cual sea la edad, el bagaje cultural o los intereses de nuestro lector en potencia.

 

 Aspectos intemporales 

Muchos pueden pensar que lo que le suceda a una dama de la nobleza rusa en los años setenta del siglo XIX es algo muy ajeno a la sensibilidad de un ciudadano medio que vive en los primeros años del siglo XXI, pero lo cierto es que esto es completamente falso, ya que Ana Karenina es, como suele decirse, una novela universal. Esto se debe a que las situaciones, inquietudes y pensamientos que plantea son intemporales y, hoy en día, podemos comprenderlos, identificarnos e incluso aprender de ellos. Todo esto, unido a la fuerza innegable que tiene el discurso y el pensamiento del autor, hacen que en cualquier caso suponga siempre una lectura provechosa.

¿Quién no entiende las dificultades que supone la vida familiar? Es muy probable que todos esbocemos una tímida sonrisa de complicidad cuando leamos lo siguiente: “Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada”. Pues bien, este es tan solo el primer párrafo de una novela de más de mil páginas. A lo largo de ellas encontraremos todo tipo de vicisitudes en los Oblonsky, los Karenin, los Levin…

Vivien Leigh interpretando a Ana Karenina

Vivien Leigh interpretando a Ana Karenina

¿Y la relación entre individuo y sociedad? ¿No es este un tema aún presente en nuestra literatura y nuestra filosofía? Gran cantidad de reflexiones y planteamientos, muy diversos entre ellos, encontraremos en este libro al respecto. Por supuesto, Ana representa la mujer encorsetada en un matrimonio sin amor, que decide romper con su anodina existencia y arriesgarlo todo por una relación carnal y  pasional. Tolstói supo en este caso reflejar como nadie el mundo interior y personal de la mujer insatisfecha, que no vive con plenitud y que en su arriesgada búsqueda de la felicidad obtiene un final trágico y solitario. Ana paga con la muerte su ímpetu por vivir con plenitud: “¿Y por qué no he de poder apagar la luz cuando ya no hay nada que mirar, cuando solo siento asco de todo? Todo es mentira, engaño, maldad”.

Pero también nos encontraremos con Esteban Arkadievich, con un planteamiento muy diferente, pues es ese personaje tan divertido y amable como egoísta y banal, cuyo único fin en la vida es la búsqueda del placer y la comodidad: “El fin de la civilización consiste en convertir todas las cosas en un placer”.

Y, finalmente, Levin, hombre preocupado por encontrar el sentido de las cosas, por la filosofía y la ciencia, por mejorar la situación de los hombres y, en definitiva, por ser bueno. Un noble con dudas, con luces y sombras, pero que acaba encontrando la paz y la felicidad gracias a su inteligencia y su serenidad.

Otro aspecto de interés innegable es el del amor, o, mejor dicho, el matrimonio, que no siempre va unido a aquél. Se nos muestran diferentes ejemplos que expresan claramente lo que el autor nos quiere decir, lo que nos advierte. El matrimonio Karenin se basa en la conveniencia, en los arreglos sociales establecidos con el fin de preservar o conseguir cierta posición de preeminencia social. El amor no tiene cabida y la relación acaba derivando en frustración, reproches y odio. El resultado de esta situación, la unión extramatrimonial e ilícita entre Ana y Vronsky, fruto del amor incondicional, entregado y supuestamente verdadero, a pesar de basarse en la firme intención y deseo de ambos, acaba consumido por la pasión exagerada y por los celos. Los Oblonsky tampoco son ideales: dibujan una imagen en la que el marido, a pesar de su carácter jovial y encantador, miente y engaña a su esposa, además de no cumplir completamente con sus obligaciones de padre de familia. Dolly, su mujer, es la compañera abnegada y entregada a la familia y a los hijos, que todo lo perdona y lo olvida con tal de mantener la estabilidad y la unidad. Finalmente, Levin y Kitty, probablemente la única pareja feliz, los únicos que llegan a buen término gracias a su capacidad para amar y perdonar, a fin de olvidar sus pequeñas disputas y ser capaces de superar todas las dificultades. Acaban encontrando el uno en el otro el fin último de su existencia, se colman mutuamente.

Levin, el héroe de la novela 

A pesar de la relevancia de Ana Karenina dentro de la novela y de que su vida es el primer motor de la historia y de la principal trama argumental, lo cierto es que el personaje más redondo, más admirable y con más fuerza, el que supera todas las adversidades y llega a buen fin; en definitiva, el héroe es Levin.

Si bien el planteamiento puede parecer el de la historia de una mujer de la alta sociedad rusa que es infiel a su marido, lo cierto es que la magnitud de la obra acaba creciendo y convirtiéndose en un profundo análisis de la situación social rusa y, sobre todo, de las tribulaciones y turbaciones individuales del ser humano. En este último sentido, es Levin quien personifica fundamentalmente el discurso del autor (incluso podemos llegar a concluir que es un trasunto suyo).

Este personaje se halla continuamente buscando respuestas a través de la filosofía y la ciencia, planteando soluciones para los campesinos y para la sociedad en general, reflexionando acerca de la existencia de Dios, asfixiado por el temor ante la muerte que crece en él y, sobre todo, intentando actuar de manera noble y trascendente. Incluso representa la forma más amable de vida matrimonial, basada en el amor, la honestidad y el sacrificio.

Son muchos los estudiosos que apuntan los paralelismos entre Levin y el propio Tolstói (cuyo nombre era Lev). Es indudable que existen parecidos notables: preocupación por la vida campesina, crisis existencial, inquietud intelectual y, sobre todo, transformación espiritual hasta llegar a una sincera y honda fe cristiana. De hecho, Levin pasa de una tremenda angustia vital (“No puedo vivir sin saber lo que soy y por qué estoy aquí. Y puesto que no puedo saberlo, no puedovivir”) a una profunda devoción cristiana (“Vivía bien y pensaba mal. Vivía, sin comprenderlo, a base de las verdades espirituales que mamara con leche de su madre, pero no reconociendo tales verdades. Hay que vivir para Dios y no sólo para mis necesidades”).

A pesar de ello, debemos considerar a Levin como un personaje más dentro del cosmos literario de la novela (el cronotopo de Bajtín), más allá de posibles interpretaciones biográficas, y como tal, hay que decir que es el personaje más redondo y con más fuerza ideológica y de pensamiento.

Una novela para todos

Ilustración de la edición conmemorativa

Ilustración de la edición conmemorativa

En definitiva, queremos eliminar los prejuicios y posibles “miedos” que se puedan tener sobre esta novela y explicar que está al alcance de todos aquellos lectores interesados, independientemente de su edad o su contexto cultural. Es, sin duda, una lectura muy provechosa y enriquecedora, y cumple con todos los requisitos de una gran obra de arte: conmueve y emociona, nos procura placer estético, nos conduce a la reflexión y nos aporta una visión del mundo distinta y peculiar.    

Atrévanse y léanla.  

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