Vecinos, de Jan T. Gross

Cuestionando la visión tradicional 

Desde que los terribles acontecimientos de la II Guerra Mundial, y concretamente, desde que todo lo relacionado con el Holocausto judío tuvo lugar, la visión de los hechos que ha llegado era clara y aportaba dos conclusiones inmediatas: existían unos culpables; los alemanes nazis y su loca ideología antisemita, y unas víctimas, los judíos polacos. Así, del mismo modo, se tendía a igualar como víctimas a judíos y a polacos, convirtiéndolos en una sola cosa. Este libro no discute si los polacos fueron víctimas de la II Guerra Mundial o no; lo fueron, al igual que lo fue casi toda Europa y gran parte del mundo. Lo que este libro pone en tela de juicio es si al mismo tiempo que fueron víctimas pudieron ser también verdugos de sus vecinos judíos. Lo que nos enseña este libro es la ambigüedad y la relatividad con la que se nos muestran realmente quiénes fueron los responsables de lo acontecido, y cómo en un marco histórico como el de la II Guerra Mundial, es muy complicado juzgar en términos absolutos.

Un contexto conocido 

Los sucesos coinciden con los albores de la II Guerra Mundial. En agosto de 1939, un tiempo después de que Hitler empezara a cumplir sus intenciones de dominar toda Europa habiendo anexionado Austria, Bohemia y Moravia, se firma un tratado soviético- alemán de no agresión. Mediante este tratado Hitler y Stalin aseguran no atacarse mutuamente y repartirse Polonia, que quedaría dividida a partir de ese momento en dos zonas de ocupación. A partir de septiembre de 1939 comienza la invasión alemana por el oeste, a la que seguiría la soviética por el este.
Así, Jedwabne quedaría dentro de la zona de ocupación soviética, hasta que a partir de 1941 pasaría a manos alemanas tras el ataque de Hitler y la ruptura por parte de éste del pacto de no agresión. Por lo tanto, en total Jedwabne estuvo veinte meses bajo la dominación soviética, meses en los cuales éstos encontraron cierta permisividad en los habitantes judíos, lo cual pudo ser uno de los desencadenantes de los sucesos.

La masacre de Jedwabne: responsabilidades 

Quizás debamos explicar primero brevemente en qué consistió el crimen en sí. La mañana del 10 de julio de 1941, se convocó a todos los varones adultos en el ayuntamiento de Jedwabne, lo mismo que a los judíos, que lo habían sido igualmente en la plaza para realizar supuestas labores de limpieza. El rumor del inminente pogromo que estaba a punto de suceder ya se había extendido anteriormente, pues gentes de otras aldeas habían llegado, y los propios judíos parecían ser conscientes de lo que iba a ocurrir. De hecho, muchos de ellos intentaron esconderse y escapar, aunque muy pocos lo consiguieron. A partir de ese momento, una vez que los judíos estuvieron reunidos, se desató una ola de violencia contra ellos, con palizas hasta la muerte, lapidaciones, robos, saqueos… El pogromo había comenzado.

Durante todo el libro se ha intentado establecer quién fue el responsable de lo ocurrido: el ejército alemán o la población polaca. Parece clara la presencia de militares y gendarmes alemanes, aunque también que la iniciativa y las muertes corrieron a cargo de los ciudadanos polacos. Tras la lectura del libro, la opinión personal que me queda al respecto es la siguiente: el terrible fondo que están viviendo los habitantes polacos propicia que las más terribles facetas humanas salgan a la luz, entre ellas, el latente antisemitismo que existía entre la población. Por lo tanto, son los propios polacos los que inician el pogromo y los que lo ejecutan, si bien es cierto que los oficiales nazis nada hacen para evitarlo, de hecho, observan bastante complacidos lo que ocurre y, desde la distancia, lo controlan y lo dominan. Al fin y al cabo, es algo que ellos habrían acabado haciendo antes o después.

El colaboracionismo 

Este quizás sea una de los puntos que con mayor delicadeza debamos tratar al hablar de este tema. Al ser Jedwabne ocupado por los soviéticos, se ha argumentado que los judíos tuvieron una estrecha colaboración con ellos, trabajando en instituciones oficiales, etc. Este colaboracionismo de los judíos ha servido para explicar o argumentar, o quizás incluso para justificar, el hecho de que tras la invasión alemana los polacos persiguieran a los judíos.

Si bien no queda claro que los judíos colaboraran tan estrechamente con los soviéticos, sí parece cierto que los acogieron con cierta alegría y contento, o al menos, con cierta esperanza. Lo cual no parece, desde mi punto de vista, algo tan disparatado, teniendo en cuenta el lógico miedo que debían tener los judíos a la posible llegada de los nazis, que hacían gala y se enorgullecían de su fuerte antisemitismo. Por lo tanto, tal y como yo lo veo, y simplificando el asunto al máximo, el supuesto colaboracionismo judío con los soviéticos no es más que un cliché o una excusa, si bien es cierto que obviamente los debieron aceptar con cierta resignación, pues está claro que de las dos potencias que los rodeaban, la soviética y la alemana, ambas con claras ambiciones expansionistas y ante las cuales Polonia quedaba indefensa, la mejor salida para ellos era la primera.

Siguiendo con esta línea, lo mismo puede decirse de los polacos, que aparentemente recibieron a los nazis con cierto alivio, pues su fuerte sentimiento anti- ruso, fraguado por las invasiones constantes del Imperio ruso los últimos siglos, les hizo no darse cuenta del peligro que los nazis suponían realmente y preferirlos a los soviéticos. Así pues, parece que los judíos y los polacos están separados por estas preferencias, que en ambos casos tienen una justificación en el miedo que sus pueblos tenían a las respectivas potencias, que tanto en un caso como en el otro, producían un tremendo miedo y pavor, probablemente totalmente justificado:

“La población fue sometida al proceso de sovietización, que afectó a todas las etnias y clases sociales, pero el blanco principal de la propaganda y la represión soviéticas fue el estado polaco. […] Por consiguiente, en el verano de 1941 la población de la comarca recibió con los brazos abiertos al ejército alemán invasor (con la excepción de los judíos, que temían más a los nazis que a los bolcheviques)”. 

 

El autor

El autor de Vecinos es Jan T. Gross, originario de Polonia y descendente de una familia judía, nacido en Varsovia en 1947, donde pasó toda su juventud y donde llegó a ir a la universidad, por lo que vivió en el periodo de ocupación e influencia soviética. Así, tras las protestas estudiantiles y de intelectuales que tuvieron lugar en el país en 1968 es arrestado, por lo que tan sólo un año después, en 1969, emigraría a EEUU. Allí se convirtió en Doctor en Filosofía por la Universidad de Yale, donde daría clase, al igual que en la Universidad de Princeton.

Jan T. Gross, aparte de Vecinos ha publicado otros trabajos, la mayoría de ellos sobre la Polonia de posguerra y la ocupación soviética.

GROSS, Jan T., Vecinos, Barcelona, Cátedra, 2002.

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