Verano, de John Coetzee

Verano (Mondadori, 2009) es, ante todo, un interesantísimo ejercicio literario llevado a cabo por el escritor surafricano John Coetzee, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2003. Una visión novelada y metaliteraria de sí mismo.

VeranoEl célebre autor de Desgracia nos presenta aquí una autobiografía ficticia, en un escenario en el que él ya ha fallecido y es un investigador quien, interesado en su obra y su biografía, decide entrevistar a una serie de personajes que han formado parte de la vida del escritor. Nos llega, de esta manera, un retrato nada amable ni convencional (demoledor en algunos casos) pues la visión que se nos presenta huye de cualquier concesión o ensalzamiento y avanza, más bien, hacia la exposición casi catártica de un personaje complejo, frío, acomplejado y lleno de fantasmas y rincones oscuros.

Más allá de la descripción psicológica y vital del personaje, se nos muestra su visión de la vida, el trabajo, la enseñanza, la política… con la peculiaridad de que nos llega a través del filtro que proponen quienes convivieron con él y experimentaron conjuntamente todo tipo de situaciones. Especialmente llamativa resulta su incapacidad para las relaciones sociales y afectivas, tanto con su padre y familiares como con las mujeres, quienes, no sólo lo acusan de frío y distante sino de “poco hombre”. Todo se nos muestra, sin tapujos ni convenciones.

“Él tiene una pinta lamentable, con el pelo y la barba revueltos. Gracias a Dios que no he de despertarme contigo en mi cama cada mañana-piensa-. No eres lo bastante hombre”.

No deja de lado, además, alguna de sus constantes literarias, como el análisis social de su entorno, en concreto del apartheid surafricano y de las relaciones que se establecen entre las distintas sensibilidades que conforman el colectivo del país.

“En opinión de Coetzee, los seres humanos jamás abandonarán la política porque esta es demasiado conveniente y atractiva como un retrato en el que representar nuestras emociones más innobles. Las emociones más innobles abarcan el odio, el rencor, el despecho, los celos, el deseo de matar y así sucesivamente. En otras palabras, la política es un síntoma de nuestro estado de degradación y expresa ese estado”.

Al no existir una narración lineal habitual, queda siempre la sensación casi pictórica de retazos y sensaciones que acaban conformando un conjunto complejo pero sugerente. El perspectivismo y la huida de los tópicos resultan gratificantes y son sobriamente dirigidos a lo largo de toda la novela, que vuelve, en este caso, a demostrar ser ese “género de géneros” que la ha convertido en el instrumento de expresión literaria por excelencia.

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*